Morada
es Teruel de aquesta historia,
la de un
amor que aún muerto sigue en vida;
latente
entre sus calles escondidas,
de Diego e
Isabel es la memoria.
Póstumo
beso que arrastró a la gloria
dos almas,
con sus manos nunca unidas;
eternamente juntas en su huída,
clamando
jubilosas su victoria.
Creyentes
fieles de su amor prohibido;
muertos en
la vida, vivos en la fe.
Testimonio
hay de que se han querido.
Fuerte
promesa la que los ha unido;
que a
través de siglos consagró a Teruel
como cuna
de amantes conocido.