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Dice mi amigo “Rufián”, en todo jocoso y para disculparse, que ahora lo ve todo
claro y diáfano, “como la niebla”; mi amigo, del cual dicen que tiene don de
gentes y mucha visión de futuro, me preguntó un buen día de un caluroso mes de
agosto si podría presentarle a la directora de la fiesta, porque necesitaba de
su consejo para el diseño de un prototipo de traje que iba a emplear en la
próxima edición de Las Bodas.
Algo no cuadró en mi esquema y concepto de “Rufián”, pero ante su insistencia -
“me harás ese favor”-, porfió, le repliqué que lo intentaría, no sin antes
pedirle explicación del porqué de su petición; si no estoy en lo cierto
corrígeme, tu eras de los que en los inicios de las Bodas le auguraste un
reducido y efímero término; se ruborizó y asintió, y, en ese instante vi el
brillo en sus ojos, tenía ganas de contarme algo y por mi parte, realmente
asombrado, me limité a escucharle.
“Rufián”, intelecto privilegiado, conocedor al dedillo de las leyes del mundo
físico había encontrado al fin algo más apasionante que sus preciadas
imprecaciones; durante más de dos horas e ininterrumpidamente me estuvo narrando
sus vivencias en Las Bodas, sus visiones de Isabel y Diego, de cómo había
descubierto la que consideraba su ciudad, su arquitectura hasta entonces
desconocida para él (y no porque no la hubiese visto antes), y, sobre
todo, sus leyendas, su impresionante historia; quiero aprender mucho más; he
asistido a dos conferencias de Raquel y en ambas me he sentido trasladado súbita
y velozmente al siglo XIII; |
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ahora comprendo y se que el sueño del cual habla en
sus entrevistas es cierto y verídico.
Cuando hubo concluido miré fijamente a mi amigo, el centelleo de sus ojos casi
me cegó; lo que me acabas de explicar debes decírselo tu “Rufián”; Raquel ha
sido siempre accesible, atrévete a hablar con ella y ambos os lo agradeceréis.
Por supuesto he hablado en muchas ocasiones con mi amigo de esta tertulia, y muy
a su pesar ha terminado por darme la razón en alguno de mis consejos; hoy
“Rufián” está triste; ha recibido un aviso de traslado en su trabajo; debe dejar
Teruel, su recién descubierta ciudad para poder seguir subsistiendo; atrás
quedará su vibrante y emocionada interpretación como “tenente” en Las Bodas, su
labor en la creación del grupo
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“Los Mayordomos
del Concejo”, cuya función como bien se encarga siempre de recalcar “Rufián” era
importantísima al administrar el patrimonio de Concejo.
Mis emociones cuando ahora hablo con mi amigo son desacordes; siendo una envidia
sana por lo que él finalmente descubrió y sintió, pero a la vez me aflijo con él
y por él ante su ya más que palpable distanciamiento.
Corre el mes de enero del año 2025 y leo en un periódico local que este año
Raquel y sus colaboradoras más directas, ante la falta de entendimiento con su
interlocutor municipal, quizá asumirá y gestionará ella misma la fiesta; “vuelta
a los orígenes” titulaba su artículo el periodista; en el desarrollo de la
noticia el redactor se atrevió a calificar a Raquel como la “trovadora” de la
más bella historia de amor.
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