Después de un fin de semana en el campo, descubriendo senderos de aquí y allá y
haciendo uso del tan alabado turismo rural, me incitaron a una reflexión
curiosa:¿qué uso harían del “turismo rural” los habitantes de la villa de Teruel
y de sus aldeas cercanas de la época medieval?
Seguro que había establecida toda una red le lugares de reposo entre la citada
Villa y su Comunidad de Aldeas: encrucijadas, lugares con fuentes o manantiales,
resguardados del viento. Postas equidistantes apurando la jornada posible para
un equino, para un viajero. Ya el Cantar del Cid se refiere y describe éstos
lugares de refresco y descanso.
Qué cosas...debe ser la cercana celebración de las Bodas de Isabel de Segura lo
que provocó tal inquietud...
El caso es que muchos detalles de eso que pensamos que es tan reciente, ya se
tenían en cuenta hace ocho siglos. Quizá por casualidad, quizá no.
De partida estamos hablando de que la época medieval supuso un auge importante
para las ciudades, que provocó como hoy un éxodo hacia las mismas de la
población rural.¿Quién nos dice que no fueron inauguradas o reforzadas muchas
fondas y posadas como alternativa y complemento a las economías rurales de sus
habitantes, como refuerzo a algún tipo de despoblación?. Además, las epidemias y
sequías hacían al campo tan inseguro como lo es hoy, y dado que los seguros
agrarios no se habían inventado, ¿qué alternativa tenían los grandes
propietarios y campesinos para asegurarse una renta fija anual?
Alguna vez hemos oído como esas fondas o posadas se situaban al principio de las
poblaciones, o relativamente cerca. De esta manera pronto los caminantes
exhaustos satisfacían sus necesidades sin deambular innecesariamente por sus
calles. Casualidad o no, no es el de este fin de semana el primer alojamiento
que disfruto yo en las postrimerías del núcleo urbano, y lo que nunca faltan son
los cartelitos con toda la oferta turística del lugar. |

La verdad es que aquella obligación que tenían los posaderos de tener la lumbre
encendida todo el día por si los clientes querían cocinarse sus viandas ha
evolucionado, aunque desfavorablemente para los primeros. Hoy los tenemos
pendientes todo el día y toda la noche para que nos digan cómo se enchufa el
calentador, el interruptor de la bodega o para que nos presten la paellera que
habrá de servir para que el cocinitas de turno nos sorprenda en la comida del
domingo.
Eso de dormir con los animales, fundamentalmente como fuente de calor, no lo
hacemos porque están casi extinguidos en ese medio; seguro que más de uno
acudiría a esa cercanía de lecho para sentirse integrante del medio rural y
colaborador necesario del delito de sustitución de hábitat propio. Sin embargo,
sí que se estila todavía el compartir la habitación con otras gentes en la
modalidad de albergue o refugio para colectivizar el espacio disponible. |
¿Y qué me dicen de ese rincón que ya destinaban los mesones de la época para la
venta de vino y víveres? Hoy es raro el establecimiento que no cuenta con un
“Rincón del gourmet” donde se exponen las riquezas agroalimentarias de la región
con el fin de fomentar las sinergias de los recursos endógenos del territorio.
No neguemos que todos caemos y en ese rincón somos capaces de pagar cualquier
cosa por un tarrito de paté o de miel, y es que “como está hecho en el campo, es
bueno”. Todos estos detalles me hacen, volviendo al principio, pensar que en realidad
mantenemos una actividad tan antigua como la existencia de caminos de viajes y
viajeros.
Postas vinculadas al comercio y al descubrimiento de nuevas tierras y nuevos
mundos.
Y luego los nobles, la iglesia, la realeza... El término “estar en Babia” se
origina porque es uno de los lugares donde éstos iban “de veraneo desapareciendo
de todo requerimiento mundanal. En la zona turolense se mantenían algunos de los
balnearios explotados por los romanos y zonas como el valle de Olba y otros
suponían lugares muy codiciados para las “segundas” viviendas de los pudientes.
En uno de sus pactos con Jaime I, el lugar solicitado para la jubilación del rey
de Valencia fue justamente el término arriba mencionado, con sus castillos y
vasallos.
En la actualidad, Teruel es uno de los estupendos lugares para perderse, para
desaparecer del mundanal ruido.
Os invitamos a descubrirlo, a recorrer los caminos del Cid, de Jaime I, de Juan
Diego de Marcilla. A escuchar la voz de sus vientos y a sorprenderos con el
rotundo brillo de sus noches con mil estrellas.
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