Fundación Bodas de Isabel

 

 

    Inicio

 


 


 


 


 

Turismo Tirwal
Postas y caminos del Cid, Jaime I y Juan Diego de Marcilla
Por Enrique Asín Cebollero

Después de un fin de semana en el campo, descubriendo senderos de aquí y allá y haciendo uso del tan alabado turismo rural, me incitaron a una reflexión curiosa:¿qué uso harían del “turismo rural” los habitantes de la villa de Teruel y de sus aldeas cercanas de la época medieval?
Seguro que había establecida toda una red le lugares de reposo entre la citada Villa y su Comunidad de Aldeas: encrucijadas, lugares con fuentes o manantiales, resguardados del viento. Postas equidistantes apurando la jornada posible para un equino, para un viajero. Ya el Cantar del Cid se refiere y describe éstos lugares de refresco y descanso.

Qué cosas...debe ser la cercana celebración de las Bodas de Isabel de Segura lo que provocó tal inquietud...

El caso es que muchos detalles de eso que pensamos que es tan reciente, ya se tenían en cuenta hace ocho siglos. Quizá por casualidad, quizá no.
De partida estamos hablando de que la época medieval supuso un auge importante para las ciudades, que provocó como hoy un éxodo hacia las mismas de la población rural.¿Quién nos dice que no fueron inauguradas o reforzadas muchas fondas y posadas como alternativa y complemento a las economías rurales de sus habitantes, como refuerzo a algún tipo de despoblación?. Además, las epidemias y sequías hacían al campo tan inseguro como lo es hoy, y dado que los seguros agrarios no se habían inventado, ¿qué alternativa tenían los grandes propietarios y campesinos para asegurarse una renta fija anual?

Alguna vez hemos oído como esas fondas o posadas se situaban al principio de las poblaciones, o relativamente cerca. De esta manera pronto los caminantes exhaustos satisfacían sus necesidades sin deambular innecesariamente por sus calles. Casualidad o no, no es el de este fin de semana el primer alojamiento que disfruto yo en las postrimerías del núcleo urbano, y lo que nunca faltan son los cartelitos con toda la oferta turística del lugar.


La verdad es que aquella obligación que tenían los posaderos de tener la lumbre encendida todo el día por si los clientes querían cocinarse sus viandas ha evolucionado, aunque desfavorablemente para los primeros. Hoy los tenemos pendientes todo el día y toda la noche para que nos digan cómo se enchufa el calentador, el interruptor de la bodega o para que nos presten la paellera que habrá de servir para que el cocinitas de turno nos sorprenda en la comida del domingo.

Eso de dormir con los animales, fundamentalmente como fuente de calor, no lo hacemos porque están casi extinguidos en ese medio; seguro que más de uno acudiría a esa cercanía de lecho para sentirse integrante del medio rural y colaborador necesario del delito de sustitución de hábitat propio. Sin embargo, sí que se estila todavía el compartir la habitación con otras gentes en la modalidad de albergue o refugio para colectivizar el espacio disponible.

¿Y qué me dicen de ese rincón que ya destinaban los mesones de la época para la venta de vino y víveres? Hoy es raro el establecimiento que no cuenta con un “Rincón del gourmet” donde se exponen las riquezas agroalimentarias de la región con el fin de fomentar las sinergias de los recursos endógenos del territorio. No neguemos que todos caemos y en ese rincón somos capaces de pagar cualquier cosa por un tarrito de paté o de miel, y es que “como está hecho en el campo, es bueno”.

Todos estos detalles me hacen, volviendo al principio, pensar que en realidad mantenemos una actividad tan antigua como la existencia de caminos de viajes y viajeros.

Postas vinculadas al comercio y al descubrimiento de nuevas tierras y nuevos mundos.

Y luego los nobles, la iglesia, la realeza... El término “estar en Babia” se origina porque es uno de los lugares donde éstos iban “de veraneo desapareciendo de todo requerimiento mundanal. En la zona turolense se mantenían algunos de los balnearios explotados por los romanos y zonas como el valle de Olba y otros suponían lugares muy codiciados para las “segundas” viviendas de los pudientes. En uno de sus pactos con Jaime I, el lugar solicitado para la jubilación del rey de Valencia fue justamente el término arriba mencionado, con sus castillos y vasallos.

En la actualidad, Teruel es uno de los estupendos lugares para perderse, para desaparecer del mundanal ruido.

Os invitamos a descubrirlo, a recorrer los caminos del Cid, de Jaime I, de Juan Diego de Marcilla. A escuchar la voz de sus vientos y a sorprenderos con el rotundo brillo de sus noches con mil estrellas.
 

 

(c) Raquel Esteban. Prohibida la reproducción total o parcial sin su autorización expresa.


Web oficial de la Fundación  'Bodas de Isabel de Segura'. Idea y  dirección Raquel Esteban - Teruel
Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización expresa.