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EL TERUEL DE LOS AMANTES

Gregorio A. GÓMEZ
Conferencia impartida dentro del ciclo "Los Amantes de Teruel" el 17 de enero de 2006

 

"Ahora recordaremos cómo era esa ciudad en aquellos días en que brotó el amor que los llevó al sacrificio y de allí a la fama"

Nos hemos reunido aquí, dignísimas personas asistentes, para que hagamos mención del Teruel que fue escenario donde tuvo lugar el trágico suceso personificado por Juan Diego e Isabel; ya todos ustedes lo conocen, o porque lo escucharon de boca de sus mayores, o porque unos le dieron vida y otros lo conviven cada año, cuando esta Ciudad se convierte en el escenario donde renacen aquellos memorables sucesos.

Pero ahora recordaremos cómo era esa ciudad en aquellos días en que brotó el amor que los llevó al sacrificio y de allí a la fama que se mantiene y agrandó, merced a la intervención de estos grupos de artistas que todos los años lo vienen rememorando.

Nuestra ciudad es antigua  y por ello, la han venido asentando sus moradores según los avatares de cada época lo vinieron exigiendo. Primero fue la Turba ibérica que pudo estar en el Alto Chacón y que al ser destruida cuando las reyertas saguntinas, bien pudo ser levantada por Julio César junto al río, al estilo romano y que después los árabes la llevaran a esta colina donde ahora se asienta, buscando una mejor defensa.

Recuerdo que un tiempo estuve yo en Caudiel, pueblo de Castellón, y allí recorría una muela donde afloraban restos de cerámica ibérica, abajo en una pequeña vega junto a una Ermita, podían recogerse los restos de “tierra siligata”  romana que me traían el recuerdo de nueva Villa Vieja y su Ermita, y después en una colina coronada por un pequeño castillo, se recostaba el pueblo. Lo comenté con el archivero Caruana que pensaba lo mismo que yo, pero no pude asegurarme hasta leer una cita que transcribía Bosch Vilá en su Historia del Albarracín árabe. Entonces pude saber que Ben Asam en su obra Yamhara decía que los Beni Gazlun, eran los emires de Tirwal en el lugar donde ahora se halla, construyendo lo que siempre hemos llamado “El Castillo” en la actual Plaza de la Judería.

Eran los años en que Rodrigo Díaz el Mío Sidi, andaba por nuestras tierras y vi claro lo que decía el Cantar en sus versos 866-69: “...Metió en paria a Daroca enantes, /desí a Molina, que es del otra part,/ la terçera Teruel, que estava delant; en su mano tenie a Çelfa la del Canal...”. Después me contaba alguien del Rabal al narrarme la leyenda de Los Monotes, que el Cid venía a Teruel a vender lo que requisaba en sus campañas.

Este emirato de los Beni Gazlun, debió acabar en el año 1103, ya que un año antes derrocaron los almorávides al del Rincón de Ademuz y un año después al de Albarracín, pues que consideraban como herejes a estos islamistas. Tirwal queda dependiendo del Gobernador de Valencia y queda arrinconado casi 70 años hasta que reina en Aragón Alfonso II y llega de Alfambra a la que conquistó en 1.169.

"Me contaba alguien del Rabal, al narrarme la leyenda de Los Monotes, que el Cid venía a Teruel a vender lo que requisaba en sus campañas”

"Lo primero que hacen es ampliar el espacio de Teruel. Parecer ser que el Teruel moro llegaba hasta la plaza del Torico"

"Si Tirwal tenía una mezquita, ésta debió darse, según era costumbre al clero, y así San Pedro pasaría a ser una de las Parroquias"

Dicen  que Alfonso II la vio desde la Villa Vieja y la quiso conquistar, pero surge un problema y la quiso conquistar, pero surge un problema y tiene que marcharse. Entonces llega el momento en que D. Martín Garcés de Marcilla, el abuelo de Juan Diego, con los Muñoz y los caballeros que capitaneaban, convencen a D. Alfonso para que les permita realizar por su cuenta la conquista durante la ausencia del Rey, y si lo consiguen, les dará un Fuero de autogobierno. El rey accede y se marcha, mientras los Caballeros ponen cerco a Tirwal y se apoderan de él, naciendo el nuevo Teruel cristiano.

Lo primero que hacen es ampliar el espacio de Teruel. Parecer ser que el Teruel moro llegaba hasta la plaza del Torico. Por cierto, que hace unos meses, en una obra que se hacía en la calle del Tozal, vi al fondo un trozo de muralla de piedra, carcomida por el tiempo y quise tomarle una fotografía. Pero una excavadora madrugó más que yo y cuando llegué la había desmontado; así pues, esta muralla debía ir por la calle Tras el Mercado y parte de la Abadía hasta lo que fue el Portal de San Esteban.

En la Judería, lo que quedaba del Castillo, debió ser utilizado para restauración de murallas porque las defensas fueron trasladadas a la Plaza de San Juan de cara a las tierras valencianas de donde podrían venir los enemigos, y el torreón actual de Ambeles, debió ser levantado cuando Felipe II ordenó habilitar El Castillo.

Entonces vino un reparto de tierras entre los conquistadores, para edificar sus viviendas los nuevos vecinos, tarea en la que todos debieron implicarse, máxime cuando había que levantar las Iglesias, aunque debemos pensar que si Tirwal tenía una mezquita, ésta debió darse, según era costumbre al clero, y así San Pedro pasaría a ser una de las Parroquias y que al poco tiempo hubo que restaurar, y su torre aún conserva en su arcada primera lo capiteles con signos árabes como la mano de Fátima y también había resto de cerámica primitiva.

Se amplió pues la extensión de Teruel y tendrían que venir operarios de fuera, aumentándose el número de pobladores, explicándose lo que dice Alfonso II en lo de que funda y puebla Teruel, claro que es el antiguo Tirwal.

Ha llamado mucho la atención que la ampliación de Teruel se realizara tan rápidamente, ya que desde el año 1171 en que era cristiana y el 1177 en que Alfonso II le otorga el Fuero; tanto los conquistadores, como los pobladores y eclesiásticos, disponen de lugares donde vivir y realizar sus funciones.

La parte antigua donde estuvo asentado Tirwal, era un grupo compacto de viviendas pequeñas porque había que aprovechar el recinto. No existían plazas, pues la que ahora es la Plaza de la Judería, estaba ocupada por viviendas, cuyas bodegas aparecieron durante la última remodelación y solamente una estrecha calleja las circundaba, al estilo que presenta la Plaza de Bolamar; y hasta hace poco, todavía en la calle de la Judería, ha existido un ejemplar de aquellas casas, compuestas por un patio donde se comía, se recibían las visitas y se reposaba, más adentro la cocina y un pequeño corral, un primer piso para los dormitorios y más arriba un granero. Y cuando los cristianos se apoderan de la población, los moros que no desean convivir se marchan a tierras musulmanas y venden sus viviendas, ocasión que aprovechan los judíos que van llegando a Teruel, ya que ellos, al no ser conquistadores, no tienen derecho a recibir un solar.

En Teruel la Plaza Mayor es el centro urbano a donde convergen las calles más importantes que son las que vienen de los portales de la muralla: del Portal de Zaragoza, la calle de Tozal, del de Valencia la de San Juan, del de Daroca la de los Amantes, pero así como en la Plaza Mayor se celebran los mercados del jueves, está la plaza de Santa María donde se celebran los actos cívico-religiosos y, en ese espacio, entre ambas plazas, se encuentra la calle de los Ricos-Homes que para nosotros tiene un sentido especial, pues allí estaba la mansión de los Segura en el edificio donde se encuentra la Telefónica, y la mansión de los Marcilla estaba situada en la Escuela de Artes y junto a ella la mansión de los familiares del Francés de Aranda, cedida por él al Concejo que en ellas situó Las Casas de la Ciudad y hoy la Escuela de Hostelería.

No existían plazas, pues la que ahora es la Plaza de la Judería, estaba ocupada por viviendas y solamente una estrecha calleja las circundaba, al estilo que presenta la Plaza de Bolamar

 

"Estaba la mansión de los Segura en el edificio donde se encuentra la Telefónica, y la mansión de los Marcilla situada en la Escuela de Artes"

"Don Alfonso II, es muy cuidadoso de sus fronteras y solamente se fía, para que las protejan, de los Caballeros Militares que son los profesionales de la guerra, pero los de Teruel son una excepción, ya se lo demostraron cuando por su cuenta conquistaron Tirwal"

En esta calle de los Ricos-Homes y en el año 1.190, debió nacer Juan Diego Garcés de Marcilla si tenemos en cuenta que el único documento fiable, que es el que transcribe Yagüe de Salas, nos dice que “En Teruel era un joven clamado Juan Martínez de Marcilla de tener vint dos años”. Teniendo en cuenta este dato, sabemos que si en 1.212 tenía unos 22 años, tuvo que nacer en 1.190.

Pero además hemos de tener en cuenta su nombre que era Juan y no Diego como posteriormente se le llamó. Examinando la genealogía de los Marcilla no he encontrado a otro Diego, sin embargo de Juan, hay uno en casi todas las generaciones.

Y referente a la edad de Isabel, debemos tener en cuenta que si en 1.112 le da cinco años de plazo para enriquecerse y a los “cinco años (lo dice el Cronista) ganó pasados cient mil sueldos” y además que Isabel ante los requerimientos de su padre, le dice que no piensa casarse “entra que fues de XX años....”, hay que pensar que Isabel nació en 1.197.

En estos años Teruel ha ido progresando. Ya disfrutando las libertades del Fuero que le fuera entregado oficialmente en 1.177, disfruta de la autoridad de uno de los vecinos que gobierna. ¿Y el Rey? El Rey es la suprema autoridad, pero les concede plena libertad. Él solamente nombra un representante al que llaman Señor de Teruel y que es más un título que un cargo y que a su servicio tiene al Alcalde, que ayudado por el Merino, se ocupan de que el Rey cobre sus impuestos, y como Teruel no es moroso en sus pagos, acude cuando se le cita a una campaña y da los avituallamientos que se le piden para las tropas, claro que sobre todo Don Jaime I se los paga con creces, deja a Teruel y sus Aldeas que se gobiernen mientras no se salgan de lo que el Fuero dice.

Además, sobre todo Don Alfonso II, es muy cuidadoso de sus fronteras y solamente se fía, para que las protejan, de los Caballeros Militares que son los profesionales de la guerra, pero los de Teruel son una excepción, ya se lo demostraron cuando por su cuenta conquistaron Tirwal.

Así pues, a Teruel lo deja guardando sus fronteras y le permite conquistar por su cuenta los pueblos limítrofes para que amplíen la Comunidad, lo que culmina en 1203 con la toma de Rubielos. En estas campañas particulares de la Comunidad, capitaneaba el Juez de turno, todos los turolenses iban tras la Seña, que era la bandera turolense, un paño de rojo carmesí en el que campaban en Toro y la Estrella, lo mismo que cuando eran llamados por el Rey y se unían a las demás tropas del Reino.

Respecto a los jueces hemos de decir que gobernaban un año, desde el martes de la Pascua Florida hasta el martes del año siguiente, pero el primer Juez tuvo dos cosas diferentes. La primera es que se trataba de un sacerdote y piensan que pudo tratarse de un canonista que debió participar en la confección del Fuero, y luego que su elección no fue por insaculación, ya que era el mes de octubre y gobernó unos meses, hasta el 26 de abril de 1177, con el fin de que ajustara a la práctica lo legislado por el Fuero, y después ya se siguió lo establecido.

Y ya que hablamos de Jueces, debemos reseñar que en 1188 salió insaculado como Juez D. Blasco, que era el tío-abuelo del Amante y era Capitán del Ejército Real, y posible padre de D. Martín, aquel Capitán Real que medió con San Francisco de Asís para que enviara a Teruel a los Santos Mártires; y a los dos años de nacer Juan Diego, salió Juez D. Martín, que si no era su padre, sería su abuelo. Y a los dos años de morir los Amantes, salió Juez D. Gil Gimeno de Segura, que debía ser hermano del padre de Isabel y le puso el nombre de Pedro a uno de sus hijos, del que hablaremos también.

Hechos curiosos vividos por Los Amantes en su juventud también los hubo, como por ejemplo que, teniendo 5 años debió ir al funeral por d. Alfonso II que murió. Juan Diego los 13 años celebraría la conquista de Rubielos y cuando tenía 16, se asustaría por el eclipse de sol que hubo y que para las gentes de entonces era señal de alguna calamidad y que al año siguiente trajo una plaga de langosta.

Una curiosa coincidencia se da en el año 1.200, cuando un Marcilla y un Segura, coinciden como testigos de un documento de arriendo a los de la Orden de Santiago a la que pertenecía Azagra, el que fuera marido de Isabel. Este Marcilla era D. Martín, el padre del Amante, que se había casado en 1182 con Dª. Constanza Pérez Tizón, que tuvo un hijo, Sancho, que fue el primer Señor de Torre Alta; un segundo que fue monje del Cister en el Monasterio de Piedra. Y en cuando al Segura, se trata de D. Ximeno de Segura, un personaje muy notable en la Corte aragonesa al que Jaime I mandó como Embajador suyo a Granada, que fue Juez en 1220 y Alcalde en 1229. Este parece ser que se llamaba Gil Ximeno de Segura y que sepamos tuvo un hijo llamado Pedro, lo que nos hace pensar en parentesco con Pedro de Segura que sólo tuvo a Isabel y pudo ser padrino de este Pedro y hermano de D, Gil Ximeno de Segura que murió y fue enterrado en San Pedro, como después lo sería su hijo. No sabemos que tuviera más hijos, pero también podía haber tenido otros más que prolongaran la familia que luego se marchó a Valencia después de la conquista, por ejemplo a Dª. Elisenda de Segura, a la que se presenta en 1221 como Señora de La Puebla.

Hemos visto que la administración civil queda organizada, el Fuero está entregado y vigente, la sociedad se estaba formando hasta llegar a la distinción de tres manos, todavía se celebraba la Feria en Cella y no llegó a hacerse en Teruel hasta el año 1294, las elecciones de cargos se efectuaban sin problemas. Pero es curioso reseñarles uno que se produjo en el 1284, unos años después. Resulta que al colocar los teruelos, que eran los boletos donde estaba escrito el nombre del que podía salir electo, se coló uno de un vecino que no debía ser de los notables, aunque el Fuero no pedía que fuesen de alta alcurnia sino que bastaba con que tuviesen caballo enjaezado y casa, y en lo moral que fuera “prudente, sensato, que sepa discernir entre lo verdadero y lo falso, entre lo justo y lo injusto, teniendo un caballo y una casa propia”; teniendo estas cualidades, sigue el Fuero diciendo que si cae en suerte, que sea el Juez. Y en aquel año, al leerse el nombre del que salía electo, resultó llamarse  Domingo Lázaro Zapatero, y como lo de Zapatero no le venía de apellido, sino por su profesión, hubo un gran revuelo entre los notables que no le otorgaban categoría suficiente, y tuvo que intervenir el Rey para poner paz y decir que, como había salido electo, debería ser aceptado por todos, y así el Zapatero gobernó hasta el mes de marzo del 85, ya que el Rey D. Pedro, aunque estaba de oyente, les dijo que había que cumplir el Fuero.

Otra parte importante en la vida del Teruel de aquellos años, era la organización religiosa, y si como ya hemos referido, entre los primeros ordenadores del Fuero estaba Mosén Pedro de Álava, el primero y el único juez sacerdote, porque el clero no se inmiscuía en la ordenación civil, sí que se preocupó el clero de organizarse, también dentro de aquel espíritu de autonomía que el Fuero había inculcado en la vida civil. El Papa Urbano II en una Bula del año 1095, concede a los conquistadores el derecho de patronato sobre las iglesias de Teruel y los pueblos conquistados.

"Tuvo que intervenir el Rey para poner paz y decir que, como había salido electo, debería ser aceptado por todos, y así el Zapatero gobernó hasta el mes de marzo de 1285"

 

"Se daba el caso de que muchos vecinos, al redactar su testamento, legaban fincas a los Racioneros, por si alguno de sus nietos quisiera hacerse sacerdote"

De la misma forma que en lo civil, se autogobierna la Comunidad  por el Fuero a la sombra del Rey, en la Iglesia sucede algo parecido, pues el Gobierno de la Comunidad ejerce el patronato sobre el clero, cuya cabeza visible es el Prior y al Obispo de Zaragoza solamente se le notifican las actuaciones clericales.

Igual que al Rey solamente le interesa que se le paguen sus impuestos y para ello hay en Teruel un Alcalde y un Merino que lo ejecutan, así la Iglesia tiene un sistema parecido, ya que la Parroquia de Santa María viene a ser del Obispado y en ella residen, el arcipreste que lleva los asuntos religiosos y el arcediano que se ocupaba de los asuntos civiles y económicos.

Lo económico era muy simple. Las 9 parroquias de Teruel y las 56 de los pueblos, pagaban sus diezmos que eran repartidos de esta forma: la cuarta parte para el clero, que bajo el nombre de raciones, era entregado por el prior a cada sacerdote, de ahí que en Teruel se les llamara Racioneros.

El prior, que residía en la Iglesia de San Pedro, era el jefe del Capítulo Eclesiástico, habiendo también un grupo seglar que son los patronos en nombre del Concejo, ya que como decimos, los bienes habidos por el Capítulo de Racioneros, eran del patronazgo de Teruel, tanto los adquiridos por diezmos, como por últimas voluntades, pues se daba el caso de que muchos vecinos, al redactar su testamento, legaban fincas a los Racioneros, por si alguno de sus nietos quisiera hacerse sacerdote. Y este patronazgo que el Concejo le diera al Papa Urbano, vino muy bien las dos veces que el Gobierno de Madrid quiso adueñarse de estos fondos, primero en tiempos de Carlos III y la segunda vez cuando la Desamortización de Mendizábal, pues en ambos casos, la Ciudad se alzó como dueña de tales bienes de los que la Iglesia era una mera administradora. Y también se cuenta el caso de que muchas mujeres de los pueblos se venían a Teruel a dar a luz, por si tenían un hijo y pudiera ser Racionero, ya que para ocupar este argo, había que ser nacido en Teruel.

En cuanto a frailes, solamente podemos contar con los Militares, ya que D. Alfonso II los tenía en las fronteras y los Caballeros Militares aparecen en Teruel como propietarios de fincas, pero sin actividad alguna, y aunque los Redentores tenían su casa en Teruel, fueron disueltos cuando Juan Diego tenía 6 años y entregados sus bienes a los Templarios, con los que había buena relación en cuanto a diezmos, tanto en Alfambra como en Villel.

Los primeros en llegar fueron los Franciscanos. Y ello fue porque en aquellos años andaba por Italia con las tropas aragonesas un Capitán llamado D. Martín Garcés de Marcilla, llamado como ven igual que el padre y el abuelo de Juan Diego, pues no cabe duda que debía ser hijo de Don Blasco, que también era Capitán del Ejército Real y hermano del padre de Juan Diego. Este Don Martín habló con San Francisco. Al saber que quería enviar algunos de sus frailes a España  le pidió que mandara dos a Teruel. Así pues, en la Navidad de 1.216 designó a los dos que vendrían a Teruel y Don Martín les dio cartas de recomendación para el Concejo de Teruel; y caminando, caminando, se presentaron en Teruel; también debió mandar cartas para su familia pues los alojaron en una casa de la que hoy se llama calle de los Mártires, donde dormían, y pasaban el día cuidando enfermo en San Lázaro, hasta que les dieron la ermita donde se fueron a vivir construyéndose sus propias celdas.

Es importante mencionarlos, porque según la tradición popular tuvieron mucho que ver después de la muerte de Juan Diego. Se dice que, como las gentes de Teruel se reunían todas mañanas en la Plaza Mayor, hoy del Torico, buscando quien les contratara para trabajar o esperando que llegaran los judíos si necesitaban dinero, allí se contaban las novedades. Y al saber aquel día que Juan Diego había muerto, no era difícil pensar que si el muerto era un Marcilla, tenía que ser un Muñoz el que lo hubiera matado; así pues, los partidarios de los Marcilla se ve que empezaron a lanzar el bulo, y al enterarse los alguaciles, avisaron al Juez D. Domingo Celadas y no se les ocurrió mejor idea para calmar los ánimos, que mandar traer a los Franciscanos, y Fray Juan, desde el balcón del Salón de Justicia, que daba a la Plaza, calmó con sus palabras los ánimos del pueblo turolense al que explicó, que si el cadáver no tenía heridas, su muerte no había podido ser por violencia ejecutada en su contra. Calmados todos, se organizaron para llegar al funeral a San Pedro, donde el esposo de Isabel explicó al fin la causa de tan misteriosa muerte.

"Si el cadáver no tenía heridas, su muerto no podía haber sido por violencia ejecutada en su contra"

"Tanto Diego como Isabel vivían en la misma calle y desde niños coincidieron"

Un hecho como este nos demuestra que la convivencia entre los turolenses era una realidad a pesar del carácter vivo y fuerte que tenían  y que demostraban como gentes abiertas a las campañas bélicas, que mantenían con sus vecinos; pues si convivían pacíficamente con los mudéjares sus vecinos de la Villa, se mantenían en continuas reyertas con los moros fronterizos.

Viendo así la relación de los turolenses, quiero tratar sobre un hecho que no he visto comentado anteriormente y se refiere a la relación que hubo entra las familias de los protagonistas del trágico suceso de Los Amantes, o sea, entre los Marcilla, los Segura y los Azagra.

La relación entre Marcilla y Segura, se ve lógica si pensamos que tanto Juan Diego como Isabel, viven en la misma calle y desde niños coincidieron y a medida que ya van creciendo se fijan el uno en la otra y es cuando brota el mutuo amor entre ellos.

La diferencia está en que Juan Diego, que es de las familias más notables de Teruel, tiene un hermano mayor, Sancho, que será el heredero, y otro menor, Pedro, que es monje del Cister. En cambio Isabel es hija única, su familia es notable también, no olvidemos que hay en esos días otro Segura, Don Gil Ximeno, que es palaciego en la Corte del Rey y tenía otro hijo, Pedro, también eclesiástico como el hermano menor de Juan Diego, y de ambos hablaremos también. Pedro Segura parece más apegado a su riqueza y por eso no acepta a Juan Diego.

El tercero en este trato, es decir, Pedro Fernández de Azagra, hermano del Señor de Albarracín y del mismo nombre, que ostenta los títulos de la familia Azagra en tierras de Navarra. Este notable Caballero de Santiago debió ser conocido, porque su hermano era Señor de Teruel, desde que Juan Diego tenía 8 años en que fuera nombrado, hasta el año 1245 o sea, que durante los años en que Juan Diego va y cuando vuelve, era Señor de Albarracín y de Teruel. Es posible, pues, que durante la ausencia de Juan Diego y en alguna de las estancias del Señor, viniera en compañía el hermano, conociera a Isabel y se enamorara de ella, y que acabado el plazo acordado, el padre no dejara pasar esta oportunidad que se le presentaba y que Isabel tuviera que aceptar la voluntad paterna.

Entonces Isabel se casa con Azagra, vuelve Juan Diego y se produce la muerte de ambos Amantes. Ante un momento con tales sucesos, cabría pensar en la discordia que generara el odio entre alguna de las tres familias, pero no es así, y lo demuestran estos hechos:

Primeramente debemos tener en cuenta que, cuando ven que es Isabel quien ha muerto besando a Juan Diego, avisado el esposo que asiste al funeral, es Azagra el que revela lo que ha sucedido la noche anterior en su casa y posiblemente disculpando a Isabel , que había querido tranquilizar su conciencia, al sentirse culpable de la muerte ocurrida por no haberle dado un beso de despedida. Y, además, cuando el pueblo pide que sean enterrados en la misma fosa en cajas distintas, Azagra no se opone.

Y en segundo lugar debemos considerar otro suceso que se produce en un momento en el que hay que proponer para Obispo de Albarracín a un sucesor, y se piensa nada menos que en el hermano de Juan Diego, que ya ha llegado a la edad suficiente para el cargo. Y así tenemos como Obispo a Fray Pedro Garcés de Marcilla que rigió la Sede durante 43 años. Pero todavía sigue nuestra admiración, porque muerto el hermano menor del Amante, ocupa la sede como sucesor suyo, Fray Pedro Ximeno de Segura, del que creemos era primo de Isabel, ostentando la Mitra durante cinco años, en que murió, siendo enterrado en San Pedro de Teruel, como lo había sido su padre.

Hechos tan singulares nos demuestran  la clase de convivencia que existía en el Teruel de aquellos años, cuando las gentes eran bravas y belicosas, pero reinaba una moral que les hacía solidarios y no de palabra, sino de corazón.

Y llegados a este punto, debemos dar fin a nuestro relato. Hemos paseado por el Teruel de aquellos años en que sucedió la tragedia que protagonizaron nuestros Amantes. Por aquel Teruel medieval que vivió los mejores años de su Historia. Cuando el Fuero proporcionaba el autogobierno que era ejercido en beneficio de la Comunidad de las Aldeas y sólo mirando la felicidad del pueblo que trabajaba a favor de la riqueza de todos y creaba un comercio floreciente, llegando a un modo de vida que después hemos estado ambicionando, sin que hayamos podido volver a disfrutar.

"Con tales sucesos, cabría pensar en la discordia que generara el odio entre alguna de las tres familias, pero no es así"

 

(c) Raquel Esteban. Prohibida la reproducción total o parcial sin su autorización expresa.


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