Fundación Bodas de Isabel

 

 

    Inicio

 

Amante y esposa

Carmen Cano y Fernando Cuesta, matrimonio en la vida real, encarnaron a Isabel y Diego en una edición difícil, la de 2005, marcada por la premura de tiempo. Fue, en cierto modo, un premio a la fidelidad, les sirvió su experiencia de años anteriores. Los dos nos narran sus vivencias, tiene en primer lugar la palabra Carmen Cano

Cuando repartieron los papeles y fuimos seleccionados ese año para representar a Isabel y Diego me hizo una ilusión grandiosa pues llevábamos muchos años y esta vez ya no nos lo esperábamos.

Aquel año había poco tiempo para ensayar, se pidió a los actores repetir el papel del año anterior que por lo que pude vivir después fue un lastre, en algunas escenas, porque para el director era mas difícil hacer cambios ya que la gente tenia muy presente lo hecho en año anterior. También me preocupa el hecho de Mariano era el primer años que dirigía y no nos conocía, teníamos que conocernos mutuamente y hacer buenas migas para trabajar a gusto en el poco tiempo que teníamos y todo fue sobre ruedas.

Había ensayos que a la primera ya podían salir a escena y varios dias después daban la vuelta, y lo  que en principio estaba, después dejaba de estar; teníamos subidas y bajadas interpretativas y eso a mi m desconcertaba porque no siempre estas igual; unos días con mucha energía y otros muy cansado, y algo que animo fue una frase de Mariano: “me gustan los actores cansados” todo tiene su punto positivo, y ya no me preocupaba el no poder descansar.

Recuerdo comentarios de la gente que nos decían que estaban muy orgullosos de que ese año fuéramos turolenses y matrimonio porque es le daba mucho más realismo.

Recuerdo que en los  ensayos, en la mano y el brazo a veces no se veía la piel de la cantidad de chuletas que llevaba, mi mano era mi agenda, siempre iba conmigo, con escritos hasta por los dedos.

Aquel año sufrimos las inclemencias de tiempo, Joaquín, el otro director, enfermo de gripe y Mariano de lumbalgia, yo recuerdo padecer una faringitis que me sumió en una afonía de modo que  no fallaba a ningún ensayo pero a veces los compañeros o Marian Pueo hablaban por mí, yo solo gesticulaba. Al tiempo fui mejorando y cuando menos me lo esperaba no podía hablar y Marian me dijo, que la afonía me la podía provocar yo misma por los nervios y la presión a veces era el 50 % físico y el 50% mental.

Isabel participa en muchas escenas y al principio mezclaba guiones en mi cabeza y personajes, al final se fue poniendo todo en su sitio.

En uno de los ensayos me llevo alguno de los trajes que Raquel me dejó, y ella me enseñaba a andar con ellos para no pisármelos.

Los ensayos generales fueron en la calle y nocturnos pero sin sonido, y conozco gente que ve todos los años estos ensayos,  porque saben que en la representación no van a poder verlo todo, y eso que años anteriores ensayábamos con los trajes de la actuación y ahora ya no.

La canción de Mari Carmen Torres que se estreno ese año, la ensayamos  en la peluquería, la primera vez que la echamos en vivo fue en un ensayo que vino Mari Carmen Torres con nosotros, y Fernando en aquel momento no estaba, así que nos metimos en otra sala y Ramón Bronchal hizo de Diego ocasional, tras la canción acabo llorando y a mi se me saltaron las lagrimas de ver a Ramón llorar, la canción es impresionante y en aquellos momento me puso los pelos de punta.

Me llamaba la atención que había compañeros que lloraba en los ensayos, tras las escena del balcón y siempre había compañeros que se emocionaba en esa escena.

La gente nos paraba por la calle recuerdo que había gente que me acariciaba la cara, me daba ánimos, nos hicieron escritos y poemas que la gente nos regalaba e incluso regalos. Después de la actuación nos llamaban a casa, gente que no conocíamos para darnos la enhorabuena por la representación.

Había escenas que las ensayábamos en la calle. Había  mucho contraste de temperatura  y recuerdo que en una ocasión al entrar a la sala donde mas caliente se estaba las manos me comenzaron a sangrar, se me abrieron grietas por toda la mano, y con pañuelos me iba limpiando la sangre, Mariano dijo que nunca había visto algo así.

De una escena pasaba a otra, en mitad de una venían a buscarnos para ir a otra ,los directores discutían, que me la llevo yo, no que me haces polvo espera  un momento si no no puedo seguir y yo allí a lo que me mandaran.

Los medios de comunicación iban detrás, casi continuamente te los encontrabas en el trabajos, en lo ensayos tenias que ir siempre preparado para una entrevista y para fotos. Recuerdo en un programa de radio de la Ser, a nivel nacional, fuimos a la 7 de la mañana vestidos y bien puesto pues era con público, nos reíamos muchas con las preguntas que nos hacían y el público también.

Otra de las cosas que recuerdo eran los textos ocultos. Había escenas que no nos salía la intención que queríamos darle, así que  Mariano nos enseño estos textos para que los pensáramos mientras decíamos los de verdad, guiones caseros como “Carmen ábreme la puerta que le tengo que dar el biberón a la niña”,  “que no le has  dado el biberón a la niña”, “no has tendido la lavadora”. Todo esto en la escena del balcón era muy divertido.

El espacio en el que ensayábamos no tenía nada que ver con el espacio real, ni el escenario, ni el lugar, ni las distancias. En el balcón había focos en el suelo con lo que era muy fácil tropezar.

La bofetada pasional dio mucho que hablar tubo seguidores y detractores. Esta bofetada en los ensayos costo que saliera bien, me daba apuro pegarle y le pegue varias veces al final Fer me dijo “pégame bien de una vez”, después le quise dar un beso para compensarle y el director no me dejo.

Ese año se casó una pareja real y hubo gran confusión entre los novios reales y los Amantes en la ficción, hubo quien llego a mezclar las parejas o decir que unos suplían a los otros porque estaban enfermos.

En la escena del balcón mandé al hombre que nos abría el banco de mensajero, le mandaba mensajes a través de él pues no quería ver a Fer antes de la escena. Pedí silencio en aquella oficina pues había mucho ruido y mucha gente y peor, mucho peor, comenzaron a pedir silencio unos a otros. Un niño casi sale al balcón antes de entrar yo y entre su madre y yo lo sujetamos de la capucha y lo metimos.

En la escena de la muerte teníamos pactado sonidos que nos iban marcando la entrada, la subida, las miradas, algunos gestos y al comprobar que no tenia nada que ver la distancia en los ensayos con la real aparte de mi mente todo lo acordado y me deje llevar por la situación y Joaquín me decía, “¿has oído las campanas de la catedral?” y yo: ¿las campanas? ¡No! Era como si hubiera actuado dentro de una burbuja insonorizada.

Con la faringitis de la que aun no me había recuperado, tenia golpes de tos muy traicioneros así que un templario llevaba unos caramelos que me fueron muy bien en el ensayo general, de modo que el ultimo que le quedaba me lo guardo para la escena de la muerte; así que entre la doble ración de jarabe para la tos y el caramelos, todos fue sobre ruedas. En el cortejo fúnebre levante inconscientemente un dedo y me lo dijeron días después gente del público que lo vió.

En escena nos llovió y era difícil estar impasible y no notar las gotas que caían en la cara.

Volver

(c) Raquel Esteban. Prohibida la reproducción total o parcial sin su autorización expresa.


Web oficial de la Fundación  'Bodas de Isabel de Segura'. Idea y  dirección Raquel Esteban - Teruel
Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización expresa.