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BODAS
de ISABEL . Primera Edición - 1997-
GUIÓN de TEATRO
(Notas personales.
Papel de Diego Marcilla)
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LLEGADA POR
ANDAQUILLA.
Con Fco. y Rodrigo. Empieza discusión sobre la conveniencia de enterrar
con honores a la quilla, pasando la torre San Martín hasta casi esquina
con Almutafaz. Cansados, con asombro y llevando silla de montar y dinero
“¡Basta,
caballeros! Os lo pido. ¿Qué estáis haciendo, eh? ¿No hemos librado ya
bastantes batallas? Dejémonos de monsergas, que esto no es propio de
vosotros y dediquémonos a otros menesteres. Ahí hay una taberna. Vamos a
tomar unas jarras de buen vino y a brindar por la quilla. ¡Francisco,
Rodrigo!”
(invitándoles a entrar)
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TABERNA.
Se habla de
la procedencia de cada uno. Saludos, vino gratis y brindis por la quilla.
“¡Qué Dios
la tenga en su gloria!
¡Vino y jamón hasta qué no queden monedas!” (arrojando una bolsa)
Llegan
mozas. Una se sienta sobre Diego y éste se levanta violentado. Cae en la
cuenta y se disculpa:
“No os
asustéis, hermosa dama. Agradezco tus intenciones. Mas no es a mí a quien
habéis de contentar sino a mis amigos. Que yo soy nacido en esta tierra, en
Teruel, y ya tengo a quién querer y quién me quiera
(brindis).
¡Por mi prometida! Caballeros, señoras…con el debido respeto.”
3.
LADRÓN.
Entra en la
taberna. Se burlan de él. Diego sólo bromea un poco. Le reta a vino y le
ofrece un puesto de cocinero. El ladrón abandona la taberna enseguida,
robándoles una bolsa de dinero. Un compañero de Diego, alerta, le pone la
zancadilla. La mesonera lo echa. Diego sale a recoger el dinero y, al
levantar la vista, ve entrar a su amigo de siempre: Fernando.
4.
FERNANDO.
Al verse,
Fernando –que va acompañado de un vecino- se apresura a saludarle. Se
invitan a beber. Enseguida, Diego pregunta por su amada Isabel. Fernando
intenta esquivar sus preguntas, pero el vecino se va de la lengua y le dice
que está recién casada.
“¡Blasfemas, bellaco!
(desenvaina)
¡Fuera! Todo está bien”
(dirigiéndose
a Francisco). Se dirige a la mesa de sus amigos y echa a las mujeres:
“¡Fuera, furcias! ¡Dejadnos solos!”
Diego se pone a beber vino ansioso y callado. Al rato:”Tengo
que irme. Quedaos aquí con estas mujeres o acompañarme si así lo deseáis.
Hay todavía muchos infieles que matar”.
(Explicándose
mejor):
“¡Isabel! Se ha casado. Se ha casado con el Conde de Azagra.
(desesperado). No ha servido de nada. Me voy. ¡Apártate!...¿cuánto
quieres por el caballo? Y tú…¿qué estás mirando? (fuera de sí.
Empiezan a burlarse de Diego) ¿Tú me llamas gallina? ¡Tente! No es a
ti a quien debo matar. No…El conde, el conde e Isabel… ¡ya sé lo que voy a
hacer! (enloquecido) ¡Voy a matar a los dos! ¡El conde e
Isabel! (a paso ligero, unos metros) ¡Soltadme, imbéciles!
(corriendo, cada vez más, por la calle de Los Amantes, con la espada en alto)
¡Dios me valga! ¡Voy a matarlos!
Diego
llega a la plaza del Ayuntamiento. Está fuera de sí. Empieza a arrojar
monedas al aire y, finalmente cae al suelo exhausto y derrotado. Sus amigos
le alcanzan, llegan a él e intentan convencerle para que entre en razón.
Diego decide levantarse, más sosegado e ir a hablar con Isabel.
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