Fundación Bodas de Isabel

 

 

    Inicio

 

Las mil y una anécdotas de Fernando

Tras Isabel llega el turno de Diego. Fernando Cuesta narra sus vivencias, salpicadas de curiosas anécdotas. En su caso a la cuarta fue más vencida; en la historia de Las Bodas Fernando y Carmen, han hecho todo tipo de papeles, incluyendo el de protagonistas el año 2005.

Cuando yo empecé en las Bodas de Isabel, haya por el año 1.999, mi mujer llego a la peluquería diciéndome que nos había apuntado a danzas medievales, “pero como nos apuntas a esto si yo no se bailar” y ella me respondió “si quieres nos borramos y ya esta”. Le dije “no, no es igual”,  y aquel año bailamos en la plaza del Torico  en la llegada de Diego. Desde entonces no he parado de hacer personajes en la fiesta, quiero decir con esto que al principio quieres hacer poca cosa y luego poco a poco el gusanillo del Teatro se te va metiendo en la venas, y al final quieres hacer de Diego.

Y en el año 2005, me volvieron a probar de Diego, era la cuarta vez que lo hacían, y durante estos cuatro años la ilusión por hacer este personaje crecía poco a poco, recuerdo  que fue la segunda vez en un casting que a mi m probaron de Diego con Carmen, mi mujer como Isabel. En aquella prueba hubo gente viéndonos y recuerdo que el día que dijeron los papeles se sentó a mi lado un compañero momentos antes de decírnoslo, me decía “tu mujer tiene que ser Isabel es la que mejor lo ha hecho y de Diego tengo mis dudas pero ya te lo diré”.

Cuando al fin dijeron mi nombre, tuve un sentimiento difícil de explicar, pues era una mezcla de alegría y responsabilidad al mismo tiempo y cuando dijeron que el personaje de Isabel lo iba hacer mi mujer, este sentimiento se triplicó.

Bueno lo primero que te viene es un aluvión medios de comunicación, la tele y la radio, como los dos estábamos trabajando en la peluquería, creo que se lo poníamos muy fácil, al día siguiente nuestros clientes, llamándonos por teléfono, y diciéndonos “es la peluquería de los amantes, quiero que me corte el pelo Isabel”. Bromas que por cierto aun siguen ahora.

También recuerdo lo primero que nos dijo Mariano Lasheras, nuestro director, nos reunimos con el Carmen, Nacho, mi escudero, y yo “La historia es la misma, el texto también pero vosotros tres y yo somos personas distintas así que seguro que esto sale distinto”

Ensayábamos en el colegio de San Nicolás, recuerdo que los pasillos eran fríos y oscuros y que para ir al baño recorrías  un pasillo y la final veías el váter iluminado por la luz de una farola que entraba por un gran ventanal, dándole un aspecto tétrico. Así es que cada vez que íbamos al baño preguntábamos si alguien quería acompañarnos, para no ir solos.

Los ensayos eran muy interesantes, cada uno de ellos. El primer ensayo que hicimos de la escena del balcón no salio a la primera cuando terminamos, Mariano nos dijo “estoy sorprendido, mañana mismo la podrías hacer, ahora solo hay que pulirla”

Otro ensayo que me gusto mucho fue cuando ensayamos esta escena primero uno frente a otro, sin hacer ningún gesto, luego con la luz apagada, sentados espalda contra espalda, todo para que no soltáramos el texto por soltarlo sino que asimiláramos lo que nos estábamos diciendo.

Me gusto mucho el montaje que hizo Mariano de la muerte de Diego, al principio, nos pareció a los que hacíamos la escena que no tenia mucha aceptación entre la organización, un día por la mañana me llamo Mariano para tranquilizarme y decirme que si que se hacia como la habíamos ensayado, yo se lo agradecí un montón porque aunque era la escena que mas miedo le tenia, porque quería que fuera lo mas natural posible. No ha habido ningún Diego que haya muerto igual, así que yo decía podrá gustar mas o menos pero es mi muerte. Me siento orgulloso de que como quedo esta escena.

La primera vez que realizamos la escena del balcón junto con la muerte de Diego delante de nuestro compañeros, cuando me levante estaba emocionado se me saltaban las lagrimas, algún compañero nos decía que en la escena del balcón se notaba algo mas, y es que yo creo que al ser tu pareja real y la de ficción la misma, todo parecía ser mas fácil, recuerdo las palabras de Raquel al terminar este ensayo me dijo “como lo hagas así nos vas hacer llorar a todos”.

Recuerdo con especial cariño cuando ensayamos todas las escenas del sábado una detrás de otra,  el ensayo mas largo de mi historia en "Las Bodas" empezábamos a las 6 de la tarde y terminábamos a las 3 de la mañana con 30 minutos para cenar, al final quedábamos los de la escena de la muerte y el Director y Encarna, siempre tan protectora, mirando por los actores, nos hecho una bronca cariñosa y nos dijo “vale ya, miraros a la cara”. Mariano y yo  llevábamos los ojos rojos de cansancio, yo mezclaba lo textos, logre convencer a Mariano para realizar otra vez la caída de la muerte.

Por cierto que en uno de los ensayos de la muerte de Diego, yo hacia como si saliera de la casa de Isabel, empezaba a respirar hondo muchas veces para conseguir una sensación de angustia, pero al caer lo hice hacia el lado contrario, el director me dijo no así  no hacia el lado contrario, abrí los ojos y le dije que me había mareado y caído sin querer por culpa de la hiperventilación, así que tuve que aprender a controlar la respiración no me fuera a pasar en la escena real.

Otro ensayo, intenso fue el de la caso de los padres de Diego, en un punto de este ensayo se le ocurrió a Mariano que la madre le tenia que dar un bofetón a su hijo Diego, para que reaccionara y cejara en su empeño. Sagrario, “mi mama”, le daba apuro darme, así que no acertaba a darme la bofetada, cada vez que me daba me pedía perdón, al final para quitarle hierro al asunto le dije “por favor Sagrario dame una bien dada, pero no me des siete mal”. Todos nos echamos a reír.

 De esta acción surgió la famosa bofetada de Isabel a Diego en la escena del balcón, en un momento dado Diego se pone muy pesado y Carmen, Isabel, le dijo a Mariano, “le doy”; y este respondió, “dale a ver que pasa”. Nos pareció un gesto pasional tremendo e impactante, al presentarlo a los compañeros se quedaron alucinados, y a la mayoría les gustó. Yo creo que le dimos un poco de “vidilla” a la escena, porque  hubo mucha diversidad de opiniones, a unos les gustaba mucho todo, pero la bofetada nos les convencía; a otros les encantaba, pasaban por la peluquería a decírmelo e incluso había debate entre mis clientes mientras les cortábamos el pelo. Cada vez que había un comentario le mandábamos un mensaje a Mariano para que estuviera informado.

El montaje que hizo Joaquín Burrillo, el otro director, de la muerte de Isabel me encanto. Lo primero que hizo fue cambiar la posición de “los muertos” los puso de frente inclinados, también creo esto un poco de polémica, pero él decía que un actor tumbado y de lado era medio actor y quería actores de presencia completa, quería que la escena fuera como un cuadro, eliminado mucho texto, muy visual, dándole intensidad a los sentimientos, yo creo que lo consiguió y sólo hay que ver las fotos.

El sábado de la función por la tarde y mientras hacían el toro en la plaza del Torico, acudimos a la Caja Rural Mariano y yo y Carmen entro, un momento, y realizamos la escena del balcón por ultima vez antes de la función, en el despacho del director del banco.

Llego la hora de la verdad, ya en la Andaquilla, tendía una mezcla de nervios y ganas de salir, con una intensidad especial, allí estábamos Nacho, mi escudero y yo, nos echamos un trago de la bota de vino de los almogávares, nos dimos un abrazo, nos deseamos suerte y nos dijimos “a disfrutar, a pasárnoslo bien” y vaya si lo hicimos salimos como dos toros a la plaza, las palabras y los  sentimientos surgían fluidos fruto de un buen trabajo, realizado durante un mes de ensayos.

Nacho me ayudo mucho durante todo el recorrido, motivándome sin parar, con frases como “señor por favor”, “tened cordura Don Diego”, o simplemente con los gestos para mi fue muy importante durante todo el recorrido, una persona como él que sin dejar su personaje, consiguió que yo tampoco dejara el mío.

         Conforme vas avanzando en el recorrido va aumentando el numero de publico y cuando sales de la calle para entrar en la plaza del Torico te encuentras con un muro de gente y piensas “ostras yo por ahí no paso” luego te abren el paso los templarios y al pasar por el pasillo oyes los murmullos de la gente, y parece como si te metieras en un enjambre de abejas.

         Cuando salía de la casa de Isabel, después de hacer la escena del balcón, me ocurrió una anécdota negativa, bajaba por las escaleras hacia la plaza del Torico para realizar la escena de la muerte, alguien de entre el publico grito, “guárdame numero que el martes voy a cortarme el pelo”, me pare unos segundos, me volví a concentrar y continué con lo mío. Me gustaría decirles a las personas que hacen estas bromas (que siempre hay alguna), que no son graciosas y que además de romper el encanto de la escena, pueden llevar al traste todo el trabajo que se ha hecho durante mes y medio. Por eso me gustaría pedir respeto para los actores y para el público que esta viendo la escena.

         El domingo, en la escena que en teoría es mas fácil para los Diegos, resulta que es la mas complicada, pues te pegas dos horas inmóvil, no te puedes dormir como dice la gente, escuchas todo lo que dice el público.  Al principio el vaivén te va relajando, pero yo recuerdo que me empezó a picar en un pómulo, luego mas adelante me empezó a llorar un ojo... ¿Qué como se supera eso sin moverte? Empecé concentrarme en el toque del timbal y en los cantos de las beguinas. Hay un templario, Charli, que te va diciendo en voz baja por donde vas, esto te ayuda un poco a centrarte. Recuerdo que dijo, “puerta de Ibercaja” otro templario le dijo “Charli, que ya se que es la puerta de Ibercaja” y Charli le contestó: “que no te lo digo a ti, que se lo digo al muerto”.

Llegamos a la plaza de la Catedral y me colocaron empezó a llover un agua muy fina, yo por dentro pensaba, ¡bien! Porque contribuía a crear el ambiente de tristeza que queríamos, recuerdo que Joaquín Burrillo me dijo “Yo quería nieve pero el presupuesto solo nos ha llegado para lluvia”.

Muy emotivo fue cuando todo termino y Mari Carmen Torres canto la canto la canción de los Amantes, nos giramos y estaban todos nuestros compañeros envueltos en lagrimas, nos abrazábamos, reíamos y llorábamos con la satisfacción de haber realizado un buen trabajo. Hasta una periodista que me dio la enhorabuena, lloraba y me dijo “Fernando que bien, hasta el cielo ha llorado” nos quedamos mirando y entre risas dijimos “¡que titular!”

Si hay una cosa bonita en participar en esta recreación es el ambiente que se crea. Personas que conoces poco o de vista, logras hacer un gran amistad, porque estas muchas horas juntos y todos encaminados al mismo objetivo, Carmen y yo hicimos una gran amistad con Mariano Lasheras nuestro Director.

Por cierto y como curiosidad, me apunte en una libreta los ensayos que hicimos y la duración de estos, para saber lo que me costaba, en tiempo, crear el personaje. Un total de: 20 días, 28 ensayos (algún día había mas de un ensayo) y 70 horas y 5 minutos de ensayo.

Nunca podré olvidar como nos arroparon la organización, Raquel, Encarna y Pilar, siempre pendientes de nosotros por si nos hacia falta algo. Tampoco la infinita paciencia y sapiencia de Mariano y Joaquín, los directores y sobre todo el apoyo incondicional de nuestros compañeros, no había ni un solo día en que no recibiéramos un animo por parte de ellos. Yo siempre he dicho en todas los medios de comunicación  que esta representación es como un puzzle compuesto por organización, directores y los cien actores que participan y que si alguna de estas piezas falta el puzzle no esta completo.

Cuando Encarna me propuso hacer una relación de anécdotas, yo creía que no me iba a acordar de tantas cosas, pero esta claro que hay cosas en la vida que no se pueden olvidar y esta experiencia para mi ha sido una de ellas.

Volver

(c) Raquel Esteban. Prohibida la reproducción total o parcial sin su autorización expresa.


Web oficial de la Fundación  'Bodas de Isabel de Segura'. Idea y  dirección Raquel Esteban - Teruel
Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización expresa.